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Iglesuela del Cid

La Villa de la Iglesuela está ubicada a 1227 metros sobre el nivel del mar a los pies de uno de los múltiples morrones que jalonan la comarca.

La historia de la localidad se inicia hace varios milenios, con grupos humanos recorriendo estas tierras y dejando sus vestigios en varios yacimientos del entorno, destacando el yacimiento íbero-romano del Morrón del Cid, donde se encuentran restos de la muralla y un gran aljibe. También se conservan diversas inscripciones y un monumento funerario.

Algunos topónimos del municipio, una leyenda, e incluso su propio nombre, recuerdan el paso del Cid Campeador por el municipio. La primera referencia a la localidad se encuentra en un documento de donación de 1204 de Pedro II de Aragón a Gascón de Castellot. En 1212 aparecerá ya citada dentro de los límites de la Bailía de Cantavieja, y se le otorgará la Carta de población en 1242 por parte de la Orden del Temple.

En 1317, al ser disuelta la orden del Temple, esta y las demás poblaciones pasaron a depender de la orden hospitalaria de San Juan.

En los siglos XVI y XVII las familias nobles, enriquecidas con el comercio de la lana, construyen numerosos palacios y casas señoriales de estilo renacentista, siendo esta la época de mayor esplendor para la localidad.

Durante las Guerras Carlistas del siglo XIX, La Iglesuela del Cid también se ve afectada por los enfrentamientos entre liberales y carlistas. Un momento importante para la Villa es la visita del pretendiente Don Carlos V al Maestrazgo, que se alojó en la Casa Blinque durante ocho días a principios de agosto de 1837. Allí, además de reponer fuerzas, dictó numerosas medidas de gobierno.

El casco urbano está presidido por la Torre de los Nublos (siglo XIII), antigua torre de homenaje del castillo templario adosado a las Casas Consistoriales (Siglo XVI), este edificio se caracteriza por sus singulares ventanas y por su lonja de arcos apuntados. Junto a él se ubica la Iglesia de la Purificación, antiguo templo medieval con profunda reforma barroca. Estos dos edificios junto con las casonas Blinque y Matutano-Dauden delimitan la singular plaza de la Iglesia.

Además de esta magnifica plaza, La Iglesuela cuenta con números edificios dignos de reseñar, destacando el conjunto de casas solariegas (como la de los Guijarro, los Aliaga, los Dauden, los Matutano, etc.), las murallas y el Portal de San Pablo, la fuente, los puentes y sus numerosas ermitas, pudiendo remarcar el Santuario de la Virgen del Cid, a unos 3 kilómetros del casco urbano, junto a una ciudad ibero-romana.

Todo este patrimonio, reflejo de un pasado de bonanza económica, sirvió para que la Villa fuese declarada Conjunto Histórico Artístico en 1982. Pero, si por algo destaca esta localidad, es por su impresionante paisaje de arquitectura en Piedra Seca, uno de los mejores de todo Aragón. Está declarado Bien de Interés Cultural y está formado por unas 150 casetas rodeadas por decenas de kilómetros de tapias, caminos y azagadores. No es de extrañar que se haya incluido en la lista de Pueblos Mágicos de España.

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