Ruta por los chopos cabeceros del Guadalope
Ruta fluvial entre Villarroya y Miravete
Unos 6,5 kilómetros separan Villarroya de los Pinares de Miravete de la Sierra, el itinerario esta balizado también con marcas amarillas y blancas pertenecientes al sendero de pequeño recorrido PR-TE 64. Desde la escuela de Villarroya hay que dirigirse hacia el molino de abajo por un antiguo camino de herradura. Tras cruzar el río por una palanca de madera hay que ascender a la carretera para hacer un pequeño tramo por ella. A los pocos metros, varias indicaciones nos guiarán a la derecha para bajar de nuevo al lecho del río, donde se encuentra la fuente del caracol y un bosquete umbrío donde destacan arces de Montpelier (Acer monspessulanum), avellanos (Corylus avellana), algunos rebollos (Quercus faginea) y guillomos (Amelanchier ovalis). Desde aquí, hasta Miravete de la Sierra, el recorrido discurre junto al río Guadalope siempre jalonado por centenarios chopos cabeceros, elemento singular de la ruta.
Los chopos cabeceros
El origen de estos árboles hay que buscarlo en la necesidad de obtener madera y forraje en territorios muy deforestados, con gran presión ganadera. Pese a la pérdida del bosque de ribera original, las riberas fluviales han comenzado una renaturalización al haber desaparecido prácticamente el manejo tradicional de escamonda o trasmoche. Muchos chopos son añosos y ofrecen gran cantidad de nichos ecológicos para una rica biodiversidad, numerosos arbustos empiezan a generar un incipiente soto y los pastizales se van haciendo más diversos.
Las aves del Guadalope y sus migraciones
Las aves, gracias a la capacidad de volar y al fenómeno de la migración, han sido capaces de colonizar prácticamente todos los hábitats de la Tierra, aunque la distribución geográfica de cada especie puede variar a lo largo del tiempo en los ciclos anuales, acorde con sus necesidades y unos requerimientos ecológicos vitales. Algunas, dependiendo a la latitud que se reproduzcan se verán obligadas a desplazarse a territorios más benignos y con mejores condiciones de alimentación en las épocas desfavorables. Así, en la Península Ibérica podemos hablar de aves reproductoras, donde se incluyen a las aves residentes que permanecen todo el año en el territorio y las aves estivales que nos visitan solamente en la época reproductora e invernan más al sur. Las aves invernantes, sin embargo, se reproducen en latitudes más septentrionales y descienden hasta los países mediterráneos durante el invierno. Por último, están las aves que solo observamos en sus trayectos migratorios. En los chopos cabeceros del Guadalope se dan ejemplos de todas ellas. Algunas de ellas, a lo largo de la ruta presentan un código QR, para poder conocerlas mejor.
Comunidad de aves reproductoras
Numerosas aves residentes son habituales, generalmente son aves que comienzan el periodo reproductor al final del invierno y principios de primavera, justo antes de que lleguen las aves estivales. Se pueden citar el trepador azul, el agateador europeo, el escribano soteño, el mirlo común, el chochín paleártico, el petirrojo europeo, la curruca capirotada, el verdecillo, el mito común, el pinzón vulgar, el carbonero común, el herrerillo común o el carbonero garrapinos.
Entre las que nos visitan durante la primavera destacan el torcecuellos euroasiático, el bisbita arbóreo, el cuco común, la oropéndola europea, el mosquitero papialbo, el papamoscas gris, la curruca mosquitera o el ruiseñor común.







Comunidad de aves invernantes
Aves que se reproducen en latitudes europeas más elevadas, pero que en invierno se desplazan, en este caso a latitudes peninsulares. Un claro ejemplo es el zorzal alirrojo, donde pueden reunirse bandos de varias decenas de ejemplares entremezclados con otras aves para alimentarse de los frutos del majuelo o espino albar, rosal silvestre o endrinos. Otro pájaro que nos visita en invierno es el lúgano, emparentado con las cardelinas. Son aves oportunistas que se reproducen en los bosques de coníferas del centro y norte de Europa, pero que realizan irrupciones invernales, algunos años en grandes cantidades en búsqueda de alimento que escasea en sus zonas de reproducción. El colorido y llamativo escribano cerillo, también es un habitual en las citas invernales.
Aves en pasos migratorios
Detectables solamente en sus trayectos migratorios. Durante la primavera en los pasos migratorios prenupciales, desde sus zonas de invernada a sus zonas de cría en centro y norte de Europa y durante el final del verano y otoño en sus pasos migratorios postnupciales, desde las áreas de cría hasta África, atravesando el desierto del Sáhara en sus migraciones dos veces al año. El mosquitero musical, el papamoscas cerrojillo y el colirrojo real cumplen esta circunstancia en chopos cabeceros del Guadalope, de forma discreta pero con copiosos ejemplares.



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