La Iglesuela del Cid

La Iglesuela del Cid

El escenario de la corte carlista

Esta localidad de calles elegantes, palacios renacentistas y aire señorial se mantuvo en la primera línea de los conflictos del siglo XIX. Geográficamente muy próxima a Cantavieja y Morella, los principales núcleos de poder carlista, fue testigo privilegiado del movimiento de los ejércitos gubernamentales y rebeldes. Durante el paso de la Expedición Real por el Maestrazgo, el pretendiente carlista estableció en ella su cuartel general. En La Iglesuela encontró el lugar sereno y pacífico alejado del bullicio de los cuarteles militares que precisaba la corte carlista.

Primeras partidas

La corte de don Carlos

Asuntos de gobierno

Los sitios de Morella y Cantavieja

Desde que en noviembre de 1833 se presentó el primer carlista rebelde del Maestrazgo, el barón de Hervés, exigiendo caballos, dinero y pólvora, los habitantes de La Iglesuela no solo supieron que se avecinaba la guerra civil, sino que sus calles iban a ser escenario de muchos otros hechos de armas.

A medida que avanzaba la Expedición Real hacia el Maestrazgo, Espartero tenía que ceder terreno para asegurar su posición, pasando por La Iglesuela el 31 de julio de 1837. Tras él llegaron los carlistas.

Don Carlos permaneció en La Iglesuela ocho días. Aprovechó ese tiempo, no solo para reponer fuerzas, sino para dictar numerosas medidas de gobierno que estaban pendientes.

Tras el paso de la Expedición Real, La Iglesuela se convirtió en una posición estratégica para las operaciones realizadas en torno a Cantavieja, tanto en el ámbito de la actividad carlista, como en las acciones del ejército liberal.

No tardarían en llegar las partidas de cabecillas como Pelegrín Grau, Manuel Carnicer, El Serrador, Manuel Miralles, Jaime Costa, Forcadell o el propio Ramón Cabrera. En 1836, cuando Cantavieja paso a ser la capital del carlismo en el Maestrazgo, La Iglesuela, por su proximidad, quedó incorporada al territorio bajo control rebelde. De nada sirvieron los esfuerzos del ayuntamiento para mantener el contacto con el gobierno.

Una de las crónicas de la Expedición Real relata la estancia del pretendiente en La Iglesuela en estos términos: «La Iglesuela, villa mejor que Mosqueruela, dista unas dos leguas de Cantavieja […] Nuestro ejército, estando sin municiones, obligó a Cabrera a llevar al Rey a aquellas escarpadas e impenetrables sierras. En ellas descansó nuestro valiente aunque decaído ejército y repuso algo, pero estaban los batallones tan bajos que daban lástima de ver. Además, teníamos muchos enfermos».

Desde quitar el mando de la 3ª división a Cuevillas para entregárselo al brigadier Basilio García, a poner la caballería a las órdenes del brigadier Luis López del Pan o crear la Junta Gubernativa de Aragón, Valencia y Murcia que establecería su sede en Mirambel. Cuando el 29 de julio continuaron la marcha, la tropa se había recuperado bastante, limpiado sus ropas y repuesto el calzado y sus municiones.

En el verano de 1838, para oponerse a los movimientos de tropas que preparaban el sitio de Cantavieja y Morella proyectado por el general liberal Oráa, Cabrera encomendó al general Merino que bloqueara al enemigo en La Iglesuela.

Hacia el final de la guerra, en 1840, jugó el mismo papel para los liberales. Perdido ya el control carlista de la localidad, el ejército gubernamental apoyó en ella sus operaciones para dar el asalto a Cantavieja.

El Maestrazgo vio alterada su vida y sus actividades económicas con la llegada de las tropas contendientes en la guerra civil.
El Maestrazgo vio alterada su vida y sus actividades económicas con la llegada de las tropas contendientes en la guerra civil.
Junto a Carlos V acompañaron en la Expedición Real un numeroso personal de corte y el estado mayor militar.
Junto a Carlos V acompañaron en la Expedición Real un numeroso personal de corte y el estado mayor militar.
A partir de 1838 Morella se convirtió en el principal objetivo militar de las acciones liberales.
A partir de 1838 Morella se convirtió en el principal objetivo militar de las acciones liberales.

Primeras partidas

Desde que en noviembre de 1833 se presentó el primer carlista rebelde del Maestrazgo, el barón de Hervés, exigiendo caballos, dinero y pólvora, los habitantes de La Iglesuela no solo supieron que se avecinaba la guerra civil, sino que sus calles iban a ser escenario de muchos otros hechos de armas.

No tardarían en llegar las partidas de cabecillas como Pelegrín Grau, Manuel Carnicer, El Serrador, Manuel Miralles, Jaime Costa, Forcadell o el propio Ramón Cabrera. En 1836, cuando Cantavieja paso a ser la capital del carlismo en el Maestrazgo, La Iglesuela, por su proximidad, quedó incorporada al territorio bajo control rebelde. De nada sirvieron los esfuerzos del ayuntamiento para mantener el contacto con el gobierno.

La corte de don Carlos

A medida que avanzaba la Expedición Real hacia el Maestrazgo, Espartero tenía que ceder terreno para asegurar su posición, pasando por La Iglesuela el 31 de julio de 1837. Tras él llegaron los carlistas.

Una de las crónicas de la Expedición Real relata la estancia del pretendiente en La Iglesuela en estos términos: «La Iglesuela, villa mejor que Mosqueruela, dista unas dos leguas de Cantavieja […] Nuestro ejército, estando sin municiones, obligó a Cabrera a llevar al Rey a aquellas escarpadas e impenetrables sierras. En ellas descansó nuestro valiente aunque decaído ejército y repuso algo, pero estaban los batallones tan bajos que daban lástima de ver. Además, teníamos muchos enfermos».

Asuntos de gobierno

Don Carlos permaneció en La Iglesuela ocho días. Aprovechó ese tiempo, no solo para reponer fuerzas, sino para dictar numerosas medidas de gobierno que estaban pendientes.

Desde quitar el mando de la 3ª división a Cuevillas para entregárselo al brigadier Basilio García, a poner la caballería a las órdenes del brigadier Luis López del Pan o crear la Junta Gubernativa de Aragón, Valencia y Murcia que establecería su sede en Mirambel. Cuando el 29 de julio continuaron la marcha, la tropa se había recuperado bastante, limpiado sus ropas y repuesto el calzado y sus municiones.

Los sitios de Morella y Cantavieja

Tras el paso de la Expedición Real, La Iglesuela se convirtió en una posición estratégica para las operaciones realizadas en torno a Cantavieja, tanto en el ámbito de la actividad carlista, como en las acciones del ejército liberal.

En el verano de 1838, para oponerse a los movimientos de tropas que preparaban el sitio de Cantavieja y Morella proyectado por el general liberal Oráa, Cabrera encomendó al general Merino que bloqueara al enemigo en La Iglesuela.

Hacia el final de la guerra, en 1840, jugó el mismo papel para los liberales. Perdido ya el control carlista de la localidad, el ejército gubernamental apoyó en ella sus operaciones para dar el asalto a Cantavieja.