Mirambel

Un enclave político muy activo

Un enclave político muy activo

Mirambel no desempeñó para el carlismo una función militar. Su posición en el valle, entre otros puntos mucho más susceptibles de fortificación y al amparo de Cantavieja, determinó que fuera un enclave político bullicioso y lleno de actividad. Aquí tuvo su sede la Junta Superior Gubernativa de Aragón, Valencia y Murcia que respaldaba la labor de Cabrera en su acción de gobierno.

Con el establecimiento de un tribunal de alzada se esbozó el principio de una estructura judicial. Muy ligada a estas labores políticas, funcionó en el interior de sus muros una imprenta para difundir en el territorio las órdenes emanadas de sus órganos.

© José Luis Cano

La Junta Superior Gubernativa

La Imprenta

El Serrador y el incendio de la iglesia

Baroja fascinado con Mirambel

En sus primeros tiempos, la insurrección carlista tuvo una lógica militar y Ramón Cabrera detentó todo el poder en el territorio del Maestrazgo.

Desde el establecimiento de la Junta Superior Gubernativa, Mirambel contó con una imprenta para estampar los documentos de esta institución.

El febrero de 1837 los restos de un destacamento liberal que había sido atacado por el cabecilla Serrador llegaron a Mirambel.

Pío Baroja dedicó una de sus novelas del ciclo «Memorias de un hombre de acción» a la guerra en el Maestrazgo y la tituló La venta de Mirambel. 

Con ánimo de secundar su actividad, pero también con la voluntad de limitar ese poder absoluto, coincidiendo con la venida del Infante don Carlos en 1837, se dio un paso hacia la institucionalización del carlismo en esta zona creando la Junta Superior Gubernativa con sede en Mirambel. Quedaban así separadas las funciones militares, que seguirían en manos del general Cabrera, de las político-administrativas que pasarían a manos de una junta compuesta por civiles, militares y eclesiásticos y presidida por el conde de Cirat.

Pero fue en 1839 cuando se trasladó aquí la Imprenta del Ejercito Real, hasta entonces en Morella, para imprimir un nuevo periódico El libertador de Aragón, Valencia y Murcia, cuyo primer número apareció el 20 de abril. Saldría tres veces por semana –martes, jueves y sábado–, costaba 36 reales al trimestre y tenía su redacción en la calle Mayor. A partir del número cuatro, cambió su título por el de Boletín de Aragón, Valencia y Murcia, cuyo subtítulo era «Periódico de la Excma. Junta Superior Gubernativa de dichos reinos».

Para defenderse del inminente ataque, los soldados y las autoridades de la villa buscaron refugio en la iglesia, pero los carlistas no dudaron en prender fuego al templo hasta conseguir la rendición de los emboscados cuando algunos de ellos habían ya perdido la vida entre el humo y las llamas. El gobernador de Cantavieja, que mandaba la tropa, prefirió morir entre las ruinas de la torre antes que entregarse. Los papeles de los archivos municipal y eclesiástico sirvieron de combustible para incendiar la iglesia que todavía hoy muestra los signos del incendio.

El escritor vasco quedó fascinado por esta población donde encontró resonancias carlistas e historias llenas de misterio. «Mirambel –escribió–, por ser asiento de la Junta, sirvió de receptáculo a muchas notabilidades carlistas. El reducido pueblo se convirtió de pronto en una pequeña corte. A él concurrían los pretendientes a distintas plazas en el ejército carlista. […] Allí tuvieron su sede y sus despachos oficiales los obispos de Orihuela y de Mondoñedo, allí se instalaron las oficinas del tribunal de secuestros, las de la policía, las de la curia eclesiástica, las del tribunal de diezmos y hospitales, de la intendencia, del tribunal de alzada, de la tesorería general, de la imprenta real y del papel sellado. Había entre los empleados un sin fin de intrigas y de enemistades».

Escudo de la Junta Superior Gubernativa carlista con sede en Mirambel
Escudo de la Junta Superior Gubernativa carlista con sede en Mirambel
Ejemplar del Boletín del Ejército Real de Aragón Valencia y Murcia, un periódico carlista que se imprimió durante mucho tiempo en Mirambel.
Ejemplar del Boletín del Ejército Real de Aragón Valencia y Murcia, un periódico carlista que se imprimió durante mucho tiempo en Mirambel.
El patrimonio religioso se vio muy castigado durante las guerras carlistas. Imagen del incendio de la iglesia parroquial de Soneja por El Serrador
El patrimonio religioso se vio muy castigado durante las guerras carlistas. Imagen del incendio de la iglesia parroquial de Soneja por El Serrador
Primera edición de La Venta de Mirambel (1931), episodio de las «Memorias de un hombre de acción», en la que Pío Baroja recrea numerosas historias ambientadas en Mirambel
Primera edición de La Venta de Mirambel (1931), episodio de las «Memorias de un hombre de acción», en la que Pío Baroja recrea numerosas historias ambientadas en Mirambel

La Junta Superior Gubernativa

En sus primeros tiempos, la insurrección carlista tuvo una lógica militar y Ramón Cabrera detentó todo el poder en el territorio del Maestrazgo.

Con ánimo de secundar su actividad, pero también con la voluntad de limitar ese poder absoluto, coincidiendo con la venida del Infante don Carlos en 1837, se dio un paso hacia la institucionalización del carlismo en esta zona creando la Junta Superior Gubernativa con sede en Mirambel. Quedaban así separadas las funciones militares, que seguirían en manos del general Cabrera, de las político-administrativas que pasarían a manos de una junta compuesta por civiles, militares y eclesiásticos y presidida por el conde de Cirat.

Escudo de la Junta Superior Gubernativa carlista con sede en Mirambel
Escudo de la Junta Superior Gubernativa carlista con sede en Mirambel

La Imprenta

Desde el establecimiento de la Junta Superior Gubernativa, Mirambel contó con una imprenta para estampar los documentos de esta institución.

Pero fue en 1839 cuando se trasladó aquí la Imprenta del Ejercito Real, hasta entonces en Morella, para imprimir un nuevo periódico El libertador de Aragón, Valencia y Murcia, cuyo primer número apareció el 20 de abril. Saldría tres veces por semana –martes, jueves y sábado–, costaba 36 reales al trimestre y tenía su redacción en la calle Mayor. A partir del número cuatro, cambió su título por el de Boletín de Aragón, Valencia y Murcia, cuyo subtítulo era «Periódico de la Excma. Junta Superior Gubernativa de dichos reinos».

Ejemplar del Boletín del Ejército Real de Aragón Valencia y Murcia, un periódico carlista que se imprimió durante mucho tiempo en Mirambel.
Ejemplar del Boletín del Ejército Real de Aragón Valencia y Murcia, un periódico carlista que se imprimió durante mucho tiempo en Mirambel.

El Serrador y el incendio de la iglesia

El febrero de 1837 los restos de un destacamento liberal que había sido atacado por el cabecilla Serrador llegaron a Mirambel.

Para defenderse del inminente ataque, los soldados y las autoridades de la villa buscaron refugio en la iglesia, pero los carlistas no dudaron en prender fuego al templo hasta conseguir la rendición de los emboscados cuando algunos de ellos habían ya perdido la vida entre el humo y las llamas. El gobernador de Cantavieja, que mandaba la tropa, prefirió morir entre las ruinas de la torre antes que entregarse. Los papeles de los archivos municipal y eclesiástico sirvieron de combustible para incendiar la iglesia que todavía hoy muestra los signos del incendio.

El patrimonio religioso se vio muy castigado durante las guerras carlistas. Imagen del incendio de la iglesia parroquial de Soneja por El Serrador

Baroja fascinado con Mirambel

Pío Baroja dedicó una de sus novelas del ciclo «Memorias de un hombre de acción» a la guerra en el Maestrazgo y la tituló La venta de Mirambel. 

El escritor vasco quedó fascinado por esta población donde encontró resonancias carlistas e historias llenas de misterio. «Mirambel –escribió–, por ser asiento de la Junta, sirvió de receptáculo a muchas notabilidades carlistas. El reducido pueblo se convirtió de pronto en una pequeña corte. A él concurrían los pretendientes a distintas plazas en el ejército carlista. […] Allí tuvieron su sede y sus despachos oficiales los obispos de Orihuela y de Mondoñedo, allí se instalaron las oficinas del tribunal de secuestros, las de la policía, las de la curia eclesiástica, las del tribunal de diezmos y hospitales, de la intendencia, del tribunal de alzada, de la tesorería general, de la imprenta real y del papel sellado. Había entre los empleados un sin fin de intrigas y de enemistades».

Primera edición de La Venta de Mirambel (1931), episodio de las «Memorias de un hombre de acción», en la que Pío Baroja recrea numerosas historias ambientadas en Mirambel