Puntos de observación
Observatorio de la Red Aragonesa de Comederos de aves necrófagas (RACAN)
El muladar de Bordón forma parte de la Red Aragonesa de Comederos de Aves Necrófagas (RACAN). Una red que surgió a raíz de la crisis de las vacas locas, que prohibía a los ganaderos dejar cadáveres muertos en el campo, ante posibles riesgos sanitarios. Las aves necrófagas ante esta situación se vieron afectadas, al escasear su alimento. La creación de los muladares ayudó a suplir esa falta de alimento en la naturaleza mediante aportes regulares de restos procedentes de mataderos y restos ganaderos suministrados por la empresa pública Sarga. El mantenimiento de los muladares cumple varios objetivos para conservación de las aves carroñeras:
Ayudan a mantener y fijar poblaciones en el territorio, favoreciendo la supervivencia especialmente de las amenazadas y catalogadas.
Además, pueden ser utilizados como buenos lugares para la observación de marcas de lectura a distancia, como bandas alares o anillas de PVC, que permiten estudiar desplazamientos entre distintos territorios.
Cumplen un papel primordial en el funcionamiento de las cadenas tróficas y mantenimiento de los ecosistemas. Al alimentarse de animales muertos, ayudan a reciclar los nutrientes y energía, al mismo tiempo contribuyen a reducir y controlar el riesgo de epizootias de una gran variedad de especies (silvestres, cinegéticas o ganaderas), susceptibles al contagio de enfermedades por exposición a cadáveres de otros animales, especialmente de grandes mamíferos.
Para ello, presentan numerosas adaptaciones anatómicas y fisiológicas. La cabeza y el cuello desprovistos de plumas facilita el acceso a las vísceras de los cadáveres. El pico robusto y ganchudo ayuda a rasgar la piel y desgarrar la carne. Sus estómagos segregan unos ácidos gástricos extremos, capaces de neutralizar bacterias peligrosas como el ántrax, botulismo y cólera, que serían mortales para otros animales. Al andar habitualmente entre carroña, también llegan a defecar líquidos ácidos sobre sus patas, para prevenir gérmenes patógenos. Presentan una vista y un olfato hiperdesarrollado para detectar cadáveres a grandes distancias. Pueden pasar varias semanas sin alimentarse, que contrarrestan con el vuelo planeador, aprovechando corrientes térmicas para volar grandes distancias ahorrando energía mientras buscan alimento.
El rey y más abundante es el buitre leonado, ya que mantienen en la zona uno de los núcleos reproductores más grande de la Península Ibérica. El quebrantahuesos, especializada en alimentarse de huesos puede observarse ya que presenta planes de reintroducción en la zona y se está asentando en este territorio. El alimoche o buitre egipcio visita el muladar en el periodo estival e incluso de vez en cuando puede verse el buitre negro, completando el cuarteto de buitres ibéricos.
Otras aves más oportunistas que acuden al menú son milanos negros, milanos reales, cuervos, cornejas y grajillas.
Paraíso acuático
El embalse de Santolea actúa como un humedal artificial de gran importancia para la biodiversidad y presenta numerosos ambientes favorables para las aves acuáticas. Amplias láminas de agua con diferentes profundidades, llanuras fangosas de inundación/desecación y diferentes tipos de vegetación; sumergida, flotante o palustre son utilizadas como lugares de nidificación, refugio o zonas de descanso y alimentación en las travesías migratorias. Además, está rodeado por enormes farallones rocosos, por lo que también es fácil la observación de aves rupícolas, como el alimoche o el águila azor perdicera. Ambas amenazadas y catalogadas como vulnerable y en peligro de extinción respectivamente. En los alrededores del embalse hay numerosos miradores y zonas en las que se pueden realizar paradas para la observación de aves.
Las aves acuáticas
Son un grupo numeroso y muy heterogéneo, que incluye muchas familias de aves con diferentes grados de dependencia de los ecosistemas acuáticos para desarrollar sus ciclos vitales. Las más comunes en el embalse de Santolea son los siguientes:
Las anátidas presentan una serie de características y adaptaciones para poder vivir la mayor parte de su vida en el medio acuático. Su plumaje presenta aceites especiales para repeler el agua, presentan patas cortas y palmeadas para favorecer la natación y los picos son aplanados para alimentarse de la vegetación más fácilmente. Entre ellas se pueden observar principalmente patos nadadores que se alimentan de vegetación superficial, como el ánade azulón habitual durante todo el año o especies que nos visitan durante el invierno, como la cerceta común o el pato cuchara.
Los somormujos y zampullines (podicipédidos) son aves que se zambullen en el agua para alimentarse de peces o pequeños crustáceos, pero también para evadir posibles amenazas. Destacan el somormujo lavanco y el zampullín chico.
Dentro de los rálidos, nos encontramos a la focha común que se deja ver nadando fácilmente, mientras que la gallineta común o el rascón europeo pasan más desapercibidos entre la vegetación palustre.
El cormorán grande (Phalacrocoracidae) es un ave piscívora, que pesca buceando. Es frecuente durante el invierno y en ocasiones puede verse posado con las alas abiertas para dejar secar su plumaje, ya que no está impermeabilizado.
Las ardeidas son aves zancudas que se asocian a los medios acuáticos, pero no son nadadoras, sino que andan sigilosamente por zonas someras en busca de sus presas preferidas; peces, crustáceos, anfibios, reptiles o moluscos. La garza real es la más común.
Por último, un grupo muy singular de aves, son las denominadas aves limícolas, que engloba a numerosas familias de aves. También son patilargas con picos característicos, en el que cada especie presenta una morfología diferente con el que pueden explorar y explotar recursos diferentes, evitando así la competencia interespecífica. Son especies migradoras de largas distancias que podemos detectar en invierno o en sus pasos migratorios. Algunos ejemplos que se pueden detectar en el embalse son el archibebe común, la cigüeñuela, el andarríos grande, el chorlitejo chico o la avoceta común.
Para observar estas aves se pueden aprovechar los miradores del embalse y las zonas de acercamiento al mismo. Existe un panel sobre ellas en la Playa de Santolea.
El Maestrazgo es sinónimo de naturaleza, montaña, terreno escarpado y paisajes de ensueño. Con la red de miradores podremos deleitarnos de las maravillosas panorámicas y porque no, disfrutar del avistamiento de aves.