El territorio del Maestrazgo es una comarca que, más allá de su belleza agreste y su rica historia, guarda también un rastro doloroso a la vez que fascinante: el despoblamiento, la marcha de generaciones, el abandono de viviendas que fueron hogares, masías que dejaron de latir… En esta entrada de blog queremos acercarnos a ese paisaje del olvido —o más bien del descanso detenido— a través de algunos de sus hitos más significativos: los núcleos de Torremocha y Santolea. Lugares que hoy pueden visitarse con respeto, curiosidad y silenciosa emoción.
Torremocha
Este pequeño núcleo, perteneciente al municipio de Castellote, aparece en el Nomenclátor de 1910 como “Torremocha de Arriba”, con apenas 15 viviendas y 39 habitantes de hecho (46 de derecho). Se despobló a mediados de siglo XX y, hoy en día, los caminos de acceso “son casi intransitables para vehículos”.
El abandono de este caserío responde —como tantos otros en la comarca— a la combinación del aislamiento, el descenso de la economía de subsistencia agro-ganadera, y la difícil repoblación de zonas rurales en los años de transformación del hábitat.
Visitar Torremocha es como asomarse a una postal muda: casas de piedra con muros medio derruidos, naturaleza que se abre paso por ventanas rotas, un silencio que pesa. Pero también es un testimonio vivo de lo que fue: un lugar en el que las familias galopaban entre bancales, criaban ganado, tejían su vida en un entorno complicado.
En el día de hoy, recorrer el sendero PR TE 89 que lleva a Torremocha desde Luco de Bordón, es una experiencia evocadora, que invita a la reflexión sobre la huella humana en el paisaje.
Santolea
Quizá uno de los casos más simbólicos de despoblación en la comarca. El núcleo de Santolea, perteneciente hoy también al municipio de Castellote, fue abandonado y demolido como consecuencia de la construcción del embalse que lleva su nombre.
Según los datos, en 1966 tenía todavía 157 personas, pero años antes ya había comenzado la migración. La presa, iniciada en 1927, se cierra en 1932 y en apenas 15 días algunas de las vegas fértiles quedaron bajo el agua. La demolición final del pueblo se produce en 1972, quedando sus casas, su molino de harina, su almazara y la central eléctrica sumergidos o desmantelados.
Hoy, Santolea es más que un despoblado: es un símbolo. Un símbolo del cambio radical que supuso para muchos la pérdida de un modo de vida, de una tierra cultivada, de un lugar que se cerró para siempre. Visitar la zona ofrece un doble uso: el contemplativo del paisaje del embalse, y el contemplativo del pasado que se resiste: restos, muros que asoman, memorias que los habitantes trasladaron consigo. Es una parada obligada para quienes desean entender la dimensión del abandono rural en el Maestrazgo.
Por qué visitar estos espacios
El Maestrazgo no ofrece únicamente pueblos vivos de gran encanto, sino también ese otro mapa de lugares que ya no viven como antaño, pero que siguen enseñando mucho. ¿Qué aporta visitarlos?
- Memoria y reflexión: ver la arquitectura tradicional, las masías, los bancales, las eras, los muros de piedra seca, nos conecta con una forma de vida que hoy ha desaparecido o se ha transformado radicalmente.
- Paisaje tranquilo y singular: el abandono permite que la naturaleza fluya, que los caminos sean más silenciosos, que el visitante tenga la impresión de “estar solo” en el territorio.
- Patrimonio en ruinas con valor: aunque en muchos casos no esté plenamente restaurado, este patrimonio no deja de tener valor como testimonio, y puede leerse como parte de la identidad de la Comarca. Las masías “aunque en su mayor parte se hallan deshabitadas, constituyen un valioso patrimonio cultural… y contribuyen a configurar un paisaje rural donde se ponen de manifiesto las estrechas interrelaciones entre el hombre y el territorio”.
- Turismo consciente y lento: recorrer estos lugares exige calma, respeto por los caminos rurales, y una actitud de contemplación más que de prisa. Es una apuesta por un turismo diferente, quizá más íntimo.
- Contribución a la sensibilización: al visitar estos espacios, contribuimos a dar visibilidad a la problemática de la despoblación rural, también muy presente en el Maestrazgo. Como se señala, “más de la mitad de la población de la Comarca del Maestrazgo se concentra en tres pueblos…, el resto vive un reto serio de servicios, oportunidades y población”.
Consejos para el visitante
- Llevar calzado adecuado: caminos de pista, senderos, posibles tramos de acceso irregular.
- Respetar el entorno: muchas casas en ruina, naturaleza que reclama su espacio. No entrar en viviendas inseguras.
- Llevar agua y medios: al tratarse de zonas poco pobladas, los servicios son mínimos.
- Buscar momentos de luz especiales: el sol de tarde en los barrancos, la niebla matinal, los tejados de teja vieja… ofrecen magníficas fotografías.
- Acompañar la visita con lectura o recuerdo: llevar breves notas históricas, conversar con quienes conocieron esos lugares si es posible, sumergirse en el pasado.
- Combinar estos lugares con otros pueblos activos de la Comarca: para tener una experiencia completa de contraste entre lo habitado y lo abandonado.
En definitiva, los pueblos abandonados del Maestrazgo no son meros “destinos turísticos”, sino testimonios vivos de un pasado reciente que nos interpelan. Lugares como Torremocha y Santolea nos invitan a escuchar la historia de la montaña, de la tierra trabajada, de las familias que marcharon, y del paisaje que quedó para otros ojos.
Esperamos que esta entrada sirva de estímulo para planificar una visita pausada, respetuosa y enriquecedora.
¡Ven a descubrirlo y déjate llevar por la magia del otoño en el Maestrazgo!










